viernes, 10 de julio de 2009

Mi calculadora

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Hace unos meses adquirí una estupenda calculadora. Como tal puede parecer algo pobre, puesto que ni siquiera tiene una tecla para sacar porcentajes, por ejemplo, pero a cambio tiene ciertas utilidades avanzadas que resultan ser de lo más práctico.

Con ella puedo almacenar documentos con mis números y cálculos e incluso grabar archivos de audio por si quiero recitar las tablas de multiplicar y escucharlas después para aprendérmelas bien. Puedo tomar y enviar fotografías de las cosas que quiero contabilizar, sumar y restar. Y otras pequeñas cosas igualmente útiles, incluida una que hace valer a las demás: permite establecer contactos de voz con otras personas, por si quieren preguntarme por algún resultado, o sugerirme nuevas variantes numéricas. No es este lugar para hablar de cuando alguna chica me cuenta o se deja contar al oído. De todas formas eso seguirá siempre teniendo más gracia en persona, y en cualquier caso no es algo a tratar aquí pues es más un asunto de género que de número.

En serio, mi calculadora es tan cojonuda que hasta algún banco, que yo pensaba que tenían todos ellos vetustas máquinas feas y eficientes desde que se inventó la primera en números romanos, todo del ábaco al microchip, encarga a alguien de vez en cuando ponerse en contacto conmigo a través de mi calculadora para consultarme sobre mis números, sobre cómo llevo las cuentas que tenemos en común e incluso sobre algunas otras que no. Se les ve muy interesados en comprobar si sus productos son como los míos, aunque creo que nunca se quedan contentos aunque las cifras y las fechas se parezcan, creo que por asuntos de colores, o porque en sus pantallas la tipografía es otra y no se ven las cosas igual, o suenan diferente por cuestiones dialectales. Diría que es una gente de humor imprevisible, pues lo mismo se enfadan y me llaman con número oculto, que para compensarme lo hacen presentándose con uno de trece dígitos. Pensarán con mucha simpleza que no tengo de dónde sacar guarismos para divertirme haciendo números. Siempre tendré cosas como el último número de Números, o mucho mejor aún, el blog de xkcd, todo un namberguán.

Puedo almacenar los números que he de marcar para contactar con mucha gente, y sumar también sus cifras, puedo marcar números al azar, aunque ello afecte luego a los glifos que figuraren en la factura que me llega a final de mes... si Correos no la pierde, porque según parece desde que fueron comprados por el Deutsche Bank están más preocupados por los números que por los envíos en sí, como todos los bancos, aunque este no me llama a la calculadora para consultarme.

Tampoco es que me preocupe o prefiera que lo hagan, no penséis que estoy obsesionado con el asunto, como un número de la Guardia Civil que conozco que montó un número cuando le quitaron en navidad el último número de la lotería donde figuraba el número aúreo. Un tipo realmente más irracional que el número e tragándose una encíclica papal.

Ya tengo bastante quebrándome para componer un par natural que salga redondo. Lo que es un problema porque me interesa que sea mixto pero así nunca me quedo entero y no cuadran las cuentas, sobre todo si hago el primo porque entonces ni siquiera me puedo dividir más que por mí mismo.

Intento ejercer la virtudes cardinales más que las ordinales, no quiero ser ni primo ni perfecto, y prefiero el mundo real al imaginario. Pero no me hagáis mucho caso, después de todo soy de letras.

lunes, 6 de julio de 2009

Rones me tomaría contigo...

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Empiezas a ser de esas personas autoras de irritantes piezas perfectas que le quitan a uno las ganas de intentarlo. Sí, esto significa que me gustan más que aquéllas otras pinturas pop de la vida urbana que me aturdía disfrutar, pero nunca conseguí que sonase como un halago, me parece.

Cada vez te explicas mejor, pero ay, aceptaré del mejor grado no tener qué leerte cuando te pasees neutra entre los árboles, toda tú como una sonrisa poco elocuente que contenga todo el universo.

No te falta tanto.

¿Por qué pongo esto aquí?
El caso es que me he quedado en trance pasando por allí, quizá por casuales circunstancias, tal vez la luz y el fresco hayan tenido que ver, y sé que después me negaré a escribir sobre ello. Y tal vez definitivamente sobre cualquier cosa.