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¿Quieres poner nombres nuevos a todas las cosas, clasificar y archivar en todos tus idiomas todas las cosas a tu alcance?
Hacer un archivo de todo sin perder información ya sabes lo que es. Es hacer otra vez el Universo. Qué trabajo más grande y más tonto.
lunes, 11 de mayo de 2009
martes, 16 de diciembre de 2008
Date sobrios consejos
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(Mumonkan)
Zuigan se decía a sí mismo todos los días: “Maestro.”
Entonces se respondía: “¿Si, señor?”
Tras lo cual añadía: “Debes ser sobrio.”
De nuevo contestaba: “Si, señor.”
“Y después de esto” continuaba, “no te dejes engañar por los demás.”
“Si, señor; si, señor” respondía.
(Mumonkan)
viernes, 24 de octubre de 2008
jueves, 25 de septiembre de 2008
En un sistema aislado la entropía nunca decrece
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Lo nuestro parece brusco, parece raro, porque componemos un sistema cuántico, con un quantum desconcertante de medidas astronómicas, similar al estornudo de un magnetar.
La energía se las apaña para repartirse, las estrellas colapsan cuando les toca y en algún momento tras una crisis, desde un punto existe estabilidad aparente, mientras los ciclos visibles que nos son familiares se repiten.
Ha llegado el otoño, el universo funciona y la ansiedad ha desaparecido. Esto es una buena noticia.
Lo nuestro parece brusco, parece raro, porque componemos un sistema cuántico, con un quantum desconcertante de medidas astronómicas, similar al estornudo de un magnetar.
La energía se las apaña para repartirse, las estrellas colapsan cuando les toca y en algún momento tras una crisis, desde un punto existe estabilidad aparente, mientras los ciclos visibles que nos son familiares se repiten.
Ha llegado el otoño, el universo funciona y la ansiedad ha desaparecido. Esto es una buena noticia.
lunes, 18 de agosto de 2008
"No tengo poderes mágicos..."
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Me riñen cariñosamente y con razón (con razón me riñen, no sé si el cariño también la tiene) porque sólo escribo cuando hay problemas en marcha. Es que cuando la cosas van bien no hay nada que escribir, no se me ocurre nada, salvo quizá alguna vez sobre las cosas que les van mal a otros. Incluso cuando hay marrones, o un demasiado incorrecto punto de vista por mi parte, o un malestar en proceso de desguace, sólo a veces escribo y es para analizar ese proceso.
También me estoy quitando del exceso de análisis, o quiero creerlo.
("No tengo tácticas. Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas")
Hoy me siento bien y qué decir. A quién sirve de algo que me monte un cuento sobre otro guerrero voluntarioso alzado orgullosamente sobre un peñasco al amanecer de un nuevo día de victorias, victorias sobre el Escaqueo de la Victoria, sobre la propia Voluntad, sobre monstruos que se niegan a tomarse un vino conmigo como corteses enemigos en un libro de Pérez-Reverte. Victorias siempre parciales, siempre cojituertas, siempre continuará. Y demasiado a menudo victorias para otros, para malos señores que siempre exigen buenos vasallos, o para una indigna caricatura de Napoleón interna y parásita, parte del virus que invade nuestro sistema y nos pone a trabajar con más trabajo por salario. Invasiones mercenarias a ciudades inocentes para mayor gloria de la Ansiedad como virrey ladino y corrupto de sonrisa torcida.
El verdadero Poder de la Voluntad está en atreverse a lanzarse a una libertad más limpia, más real, más vigorosa, con confianza en que es algo propio a destapar, y sin caer en el autodesprecio al ver la propia corrupción. Sin ese Ego-Juez zancadillero. Ponerse a ello, pero siempre; todo es empezar... a cada momento.
Una mujer me dijo que cómo el poder de la objetividad, de saber mantenerse frío para decidir, podía no ser digno de desconfianza. Tal facilidad para desapegarse es como para no creer en la consistencia de mis promesas, en la solidez de mi fidelidad. Es la pauta común, autoengañarse, justificar ante uno mismo los desmanes y abusos sobre sí y los demás, por qué no presuponerlo. Pero yo trabajo en no olvidar que se abusa de uno tanto como de los otros, de forma que sé que todo queda igual, que no me compensa la deslealtad.
("No tengo estrategia. Yo hago de lo correcto en la vida mi estrategia")
Esa mujer tenía miedo porque no veía la más provechosa posibilidad de usar -ella o yo, o los dos juntos o por separado- ese Poder para controlarse cuando realmente es importante, para mantenerse firme, para no tener necesidad de engañar ni dejarse engañar, de abusar de uno mismo ni de otros.
Otra me dice qué como sentirse segura sin hacer inventario continuo de las armas a su alcance en cada momento y evaluación de estatus de toda la maquinaria, defensiva en gran proporción, a pesar de intuir que eso es incompatible con la marcha.
("No tengo espada. Yo hago de mi No-Mente una espada")
Un amigo me dice que cómo no volverse estúpido aficionándose a "no pensar".
("No tengo talento. Yo hago mi astucia mi talento")
Y todos vosotros, lectores, podéis decir que no vea tantas pelis de chinos yendo fumado. Pero no es el caso.
Suene como suene yo soy el peñasco al amanecer, firme sobre montaña firme, y allí no hay tele ni internet, ni intermedios con anuncios comerciales que me interrumpan mientras miro crecer la hierba. Vale.
Me riñen cariñosamente y con razón (con razón me riñen, no sé si el cariño también la tiene) porque sólo escribo cuando hay problemas en marcha. Es que cuando la cosas van bien no hay nada que escribir, no se me ocurre nada, salvo quizá alguna vez sobre las cosas que les van mal a otros. Incluso cuando hay marrones, o un demasiado incorrecto punto de vista por mi parte, o un malestar en proceso de desguace, sólo a veces escribo y es para analizar ese proceso.
También me estoy quitando del exceso de análisis, o quiero creerlo.
("No tengo tácticas. Yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas")
Hoy me siento bien y qué decir. A quién sirve de algo que me monte un cuento sobre otro guerrero voluntarioso alzado orgullosamente sobre un peñasco al amanecer de un nuevo día de victorias, victorias sobre el Escaqueo de la Victoria, sobre la propia Voluntad, sobre monstruos que se niegan a tomarse un vino conmigo como corteses enemigos en un libro de Pérez-Reverte. Victorias siempre parciales, siempre cojituertas, siempre continuará. Y demasiado a menudo victorias para otros, para malos señores que siempre exigen buenos vasallos, o para una indigna caricatura de Napoleón interna y parásita, parte del virus que invade nuestro sistema y nos pone a trabajar con más trabajo por salario. Invasiones mercenarias a ciudades inocentes para mayor gloria de la Ansiedad como virrey ladino y corrupto de sonrisa torcida.
El verdadero Poder de la Voluntad está en atreverse a lanzarse a una libertad más limpia, más real, más vigorosa, con confianza en que es algo propio a destapar, y sin caer en el autodesprecio al ver la propia corrupción. Sin ese Ego-Juez zancadillero. Ponerse a ello, pero siempre; todo es empezar... a cada momento.
Una mujer me dijo que cómo el poder de la objetividad, de saber mantenerse frío para decidir, podía no ser digno de desconfianza. Tal facilidad para desapegarse es como para no creer en la consistencia de mis promesas, en la solidez de mi fidelidad. Es la pauta común, autoengañarse, justificar ante uno mismo los desmanes y abusos sobre sí y los demás, por qué no presuponerlo. Pero yo trabajo en no olvidar que se abusa de uno tanto como de los otros, de forma que sé que todo queda igual, que no me compensa la deslealtad.
("No tengo estrategia. Yo hago de lo correcto en la vida mi estrategia")
Esa mujer tenía miedo porque no veía la más provechosa posibilidad de usar -ella o yo, o los dos juntos o por separado- ese Poder para controlarse cuando realmente es importante, para mantenerse firme, para no tener necesidad de engañar ni dejarse engañar, de abusar de uno mismo ni de otros.
Otra me dice qué como sentirse segura sin hacer inventario continuo de las armas a su alcance en cada momento y evaluación de estatus de toda la maquinaria, defensiva en gran proporción, a pesar de intuir que eso es incompatible con la marcha.
("No tengo espada. Yo hago de mi No-Mente una espada")
Un amigo me dice que cómo no volverse estúpido aficionándose a "no pensar".
("No tengo talento. Yo hago mi astucia mi talento")
Y todos vosotros, lectores, podéis decir que no vea tantas pelis de chinos yendo fumado. Pero no es el caso.
Suene como suene yo soy el peñasco al amanecer, firme sobre montaña firme, y allí no hay tele ni internet, ni intermedios con anuncios comerciales que me interrumpan mientras miro crecer la hierba. Vale.
miércoles, 30 de julio de 2008
El anhelo de Maërandor I
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Junto a un lago del Norte le eché un ojo de nuevo a ese atajo, la vía directa entre intención y acción. Los fenómenos son el vacío, el vacío es los fenómenos... Salí del bosque al anochecer, corriendo sin hacer ruido bajo mi capa élfica (comprada al peso a unos mercaderes que me hicieron un justo bajo precio dada mi condición), hasta un camino transitado que llevaba a la Puerta (de Brandemburgo), donde me desvié hasta las orillas de otro de los muchos lagos de aquéllas tierras, más allá del pequeño templo Haradrim, hasta el lugar donde había quedado con Methamir y Andrilth para regocijarnos con la cerveza local. Pero no bastó la agradable velada para animar mi espíritu.
No me faltaba como antes la sensación de libertad. Podía hacer cuanto quisiera con el mundo a mi alrededor, y veía claramente las posibilidades. Pero esta vez eso no me ayudó; en aquel paraje lejano me sentía igual de solo y cautivo que en mi prisión de aquí, y tan desconocido al regresar como allí. Sí, podía hacer todas esas cosas que sabía que podía hacer, y muchas otras, pero sólo quería realmente hacer una que no estaba en el menú, inhibida la posibilidad por el hechizo de algún pérfido enemigo de Ulmo.
Junto a un lago del Norte le eché un ojo de nuevo a ese atajo, la vía directa entre intención y acción. Los fenómenos son el vacío, el vacío es los fenómenos... Salí del bosque al anochecer, corriendo sin hacer ruido bajo mi capa élfica (comprada al peso a unos mercaderes que me hicieron un justo bajo precio dada mi condición), hasta un camino transitado que llevaba a la Puerta (de Brandemburgo), donde me desvié hasta las orillas de otro de los muchos lagos de aquéllas tierras, más allá del pequeño templo Haradrim, hasta el lugar donde había quedado con Methamir y Andrilth para regocijarnos con la cerveza local. Pero no bastó la agradable velada para animar mi espíritu.
No me faltaba como antes la sensación de libertad. Podía hacer cuanto quisiera con el mundo a mi alrededor, y veía claramente las posibilidades. Pero esta vez eso no me ayudó; en aquel paraje lejano me sentía igual de solo y cautivo que en mi prisión de aquí, y tan desconocido al regresar como allí. Sí, podía hacer todas esas cosas que sabía que podía hacer, y muchas otras, pero sólo quería realmente hacer una que no estaba en el menú, inhibida la posibilidad por el hechizo de algún pérfido enemigo de Ulmo.
lunes, 16 de junio de 2008
Sobre Gollum
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("Esquizofrenia", Eskorbuto)
Cuando hablo de tú, soy yo
Cuando él no está, estoy yo
¡Él, tú y yo
somos nosotros! Esquizofrenia!
esquizofrenia, esquizofrenia...
Llevamos con nosotros
el engaño y la verdad
que vosotros, pobres ratas
ni siquiera os atrevéis a imaginar.
Esquizofrenia, esquizofrenia, esquizofrenia...
("Esquizofrenia", Eskorbuto)
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